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IGLESIA DE SAN BLAS

San Blas es prototipo de iglesia columnaria o Hallerkirche, con planta de salón y tres naves a igual altura separadas por
columnas, lo que la identifica con otras catedrales góticas como la de San Lorenzo de Nuremberg.
El actual templo de San Blas se levanta sobre una primitiva iglesia gótica de mediados
del siglo XV, a finales de este siglo comenzó a ser sustituida por una nueva fábrica,
desarrollándose las obras desde la cabecera hacia los pies. El nuevo templo se concibió
como un edificio de proporciones catedralicias, una obra costosa desde el punto de vista
económico y de tiempo. Ello motivó que la iglesia se iniciara en el estilo dominante en ese
momento, el “gótico tardío”, que se aprecia en el primer cuerpo, y continuara con el nuevo
estilo renacentista que podemos observar en el segundo y tercer cuerpo.
Destaca su portada occidental que abre a la plaza de Ramón y Cajal, de magnífica
fábrica de estilo gótico flamigero constituida por un elegante vano con arco apuntado, de
formas muy esbeltas. Las fachadas norte y sur son renacentistas de estilo Vandelvira,
cuya fábrica ha sido atribuida a este genial arquitecto. La fachada sur o del sol es una de
las más bellas de la provincia de Albacete por su composición, trazado y ejecución,
además de ser la que mejor representa la persistencia del estilo vandelviriano, que se
geometriza y se va desprendiendo -aunque no totalmente- de la ornamentación escultórica.
Sigue el tipo de la portada principal de El Salvador de Úbeda y de la meridional de la
catedral de Jaén realizadas por Andrés de Vandelvira.
En el interior, el primer tramo y el ábside ochavado son totalmente góticos. Los primeros
pilares son de formas complejas y están formados por haces de ocho columnillas con plinto
cilíndrico. En la parte central se puede observar una rica bóveda de crucería estrellada
con ligaduras y convados curvos. En los dos laterales rectangulares se repiten las
caprichosas bóvedas estrelladas adaptadas a este espacio. A ambos lados del tramo se
abren ventanales moldurados en arco apuntado con parteluz central. Todos estos
elementos evidencian un gótico puro del final con gran riqueza ornamental. Los restantes
tramos se realizaron de acuerdo al nuevo estilo renacentista.
A principios del siglo XVIII se construye el gran retablo gracias a las donaciones de un
villarrobledense ilustre, Fray Diego Morcillo Rubio de Auñón, Virrey de Perú. El retablo se
realizó siguiendo la moda de la época, por lo que se realizó una obra monumental que
sustituyó al retablo inicial de estilo gótico. De estilo barroco churrigueresco está
constituido por un arco triunfal de suave ojiva y un curioso artesonado. Colocada en una de
las capillas laterales destaca la talla de San Miguel perteneciente a la escena del juicio final
del primitivo retablo gótico.
del siglo XV, a finales de este siglo comenzó a ser sustituida por una nueva fábrica,
desarrollándose las obras desde la cabecera hacia los pies. El nuevo templo se concibió
como un edificio de proporciones catedralicias, una obra costosa desde el punto de vista
económico y de tiempo. Ello motivó que la iglesia se iniciara en el estilo dominante en ese
momento, el “gótico tardío”, que se aprecia en el primer cuerpo, y continuara con el nuevo
estilo renacentista que podemos observar en el segundo y tercer cuerpo.
Destaca su portada occidental que abre a la plaza de Ramón y Cajal, de magnífica
fábrica de estilo gótico flamigero constituida por un elegante vano con arco apuntado, de
formas muy esbeltas. Las fachadas norte y sur son renacentistas de estilo Vandelvira,
cuya fábrica ha sido atribuida a este genial arquitecto. La fachada sur o del sol es una de
las más bellas de la provincia de Albacete por su composición, trazado y ejecución,
además de ser la que mejor representa la persistencia del estilo vandelviriano, que se
geometriza y se va desprendiendo -aunque no totalmente- de la ornamentación escultórica.
Sigue el tipo de la portada principal de El Salvador de Úbeda y de la meridional de la
catedral de Jaén realizadas por Andrés de Vandelvira.
En el interior, el primer tramo y el ábside ochavado son totalmente góticos. Los primeros
pilares son de formas complejas y están formados por haces de ocho columnillas con plinto
cilíndrico. En la parte central se puede observar una rica bóveda de crucería estrellada
con ligaduras y convados curvos. En los dos laterales rectangulares se repiten las
caprichosas bóvedas estrelladas adaptadas a este espacio. A ambos lados del tramo se
abren ventanales moldurados en arco apuntado con parteluz central. Todos estos
elementos evidencian un gótico puro del final con gran riqueza ornamental. Los restantes
tramos se realizaron de acuerdo al nuevo estilo renacentista.
A principios del siglo XVIII se construye el gran retablo gracias a las donaciones de un
villarrobledense ilustre, Fray Diego Morcillo Rubio de Auñón, Virrey de Perú. El retablo se
realizó siguiendo la moda de la época, por lo que se realizó una obra monumental que
sustituyó al retablo inicial de estilo gótico. De estilo barroco churrigueresco está
constituido por un arco triunfal de suave ojiva y un curioso artesonado. Colocada en una de
las capillas laterales destaca la talla de San Miguel perteneciente a la escena del juicio final
del primitivo retablo gótico.
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